Poder y gobierno

Las cambiantes estructuras de poder y el creciente escepticismo desafían a las instituciones. ¿Cómo puede la red continuar creando confanza en este contexto?

El último decenio ha demostrado la fragilidad e la incapacidad de los mecanismos de gobierno a nivel mundial para abordar adecuadamente problemas globales. Muchos señalan que los estados-nación no tienen la envergadura ni la capacidad suficientes ante los problemas que se plantean en un mundo cada vez más globalizado. Al mismo tiempo, las modalidades de gobierno transfronterizo cambian y cobran mayor fuerza y eficacia (por ejemplo, la iniciativa “Un cinturón, una ruta”, la Asociación de Naciones del Sureste de Asia y el surgimiento de zonas regionales de libre comercio en África occidental y oriental).

El poder y la influencia de sector privado también denotan aumento, lo que podría suscitar una tendencia hacia formas alternativas de gobierno, pues muchas empresas ya ejercen una influencia más tangible sobre los problemas mundiales que la mayoría de los países, como reconoció recientemente el Gobierno de Dinamarca, al nombrar a un embajador en Silicon Valley. Varias organizaciones internacionales humanitarias han seguido este ejemplo, como Amnistía International y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). El sector privado ha asumido crecientes funciones en la prestación de asistencia humanitaria y ayuda al desarrollo, lo que pone aún más en tela de juicio las funciones de gobierno de los Estados nacionales y las organizaciones humanitarias. Al mismo tiempo, las ciudades afirman cada vez más su poder geopolítico en el panorama mundial, y las mega ciudades adquieren un gran poder de influencia.

Entre el mosaico de la nueva configuración de núcleos de poder e influencia, surge la realidad de un extremadamente bajo nivel de confianza en las instituciones mundiales (en particular, las organizaciones gubernamentales y humanitarias). El Barómetro de Confianza de Edelman correspondiente a 2017 proyecta una imagen de un sistema mundial fracturado, sin muchas esperanzas de que las cosas mejoren. Las organizaciones humanitarias están atrapadas en este entramado de desconfianza, una situación muy distinta de la de 2011 cuando se les consideraba fuentes de influencia creciente .

Este telón de fondo contribuye a alimentar el auge de movimientos sociales y grupos marginales, y genera rechazo hacia estamentos de poder y elitismo. El persistente estancamiento económico y la creciente desconfianza en la política fomentan el populismo, el nacionalismo y los enfrentamientos culturales y religiosos. Ello es indicio del creciente escepticismo hacia el gobierno y la burocracia en muchas democracias, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, en los países del sur del planeta, prosperan los gobiernos nacionales que refuerzan la determinación de la soberanía y cuestionan la participación extranjera en asuntos internos.

Consideraciones y fuentes de tensión para las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

  • ¿Están las estructuras de la red de miembros de la Federación Internacional y los procesos de adopción de decisiones en consonancia con los cambios sociales y políticos más amplios? ¿Se han establecido previamente estructuras financieras e institucionales para atender los flujos de Norte a Sur que se ajusten a la dinámica cambiante del poder y las influencias en el mundo?
  • Ante la acentuación de los problemas de credibilidad y confianza ¿cómo deberían la secretaría y las Sociedades Nacionales fomentar la confianza en este contexto complejo de partes interesadas tan diferentes, a saber, las comunidades, los donantes y los asociados?
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