Transformación 1:

Apoyo a las Sociedades Nacionales y desarrollo de estas en calidad de agentes locales sólidos y eficaces

Siete Transformaciones

La Federación Internacional y sus miembros recomiendan siete transformaciones que deberá promover la red mundial para asistir eficazmente a las personas vulnerables en el próximo decenio. Las siete transformaciones trazan una hoja de ruta sobre la manera en que la organización aspira a trabajar y los cambios que desea introducir para abordar de manera más eficaz los cinco desafíos mundiales identificados como más pertinentes para la red.

La Estrategia 2030 reconoce la importancia esencial de la inversión en la independencia institucional, el carácter sostenible, la eficacia y la capacidad de adopción de decisiones de las Sociedades Nacionales. Sin embargo, muchas prácticas y enfoques existentes podrían socavar la capacidad de las Sociedades Nacionales para llevar a cabo a largo plazo la labor tan necesaria dentro de sus comunidades.

Las Sociedades Nacionales se esforzarán por transformarse para prever con más anticipación los cambios rápidos y significativos que se producen en el mundo y adaptarse a ellos, mediante un enfoque prospectivo y ágil. Ello les permitirá avanzar más rápidamente y aprovechar las oportunidades que impulsen el desarrollo y el progreso en la acción humanitaria.

Para lograrlo, es necesario desmantelar las burocracias rígidas, las jerarquías evidentes, la programación, el control y la competencia verticales. En este empeño, será necesario contar con nuevas aptitudes, mentalidades y enfoques, invertir esfuerzos y garantizar que los dirigentes, el personal y los voluntarios demuestren gran eficacia en las tareas de facilitación, movilización, comunicación y formación, y actúen con sinceridad y responsabilidad, sean creativos y curiosos y puedan emprender oportunidades de cambio.

Las Sociedades Nacionales valoran la función de la cultura institucional en la promoción de esos cambios, al demostrar que sus órganos de dirección son visionarios, son fuente de inspiración y fomentan sociedades seguras e inclusivas, así como espacios para la experimentación y la innovación.  Se requerirá mayor tolerancia ante el riesgo y capacidad para aprender y adaptarse con el transcurso del tiempo. Las Sociedades Nacionales reconocen, asimismo, el valor de la confianza, las asociaciones y la independencia financiera, así como las contribuciones esenciales que aportan las comunidades y los voluntarios para generar ideas e impulsar el cambio. Estos ámbitos ocupan un lugar destacado en la Estrategia 2030, que les dedica especial atención como factores de transformación.

La hoja de ruta para las Sociedades Nacionales tiene consecuencias significativas para el desarrollo de los órganos de dirección y de gobierno. En los próximos años, será esencial la identificación de dirigentes que expresan los valores y principios humanitarios considerados fundamentales para la labor de la organización y el apoyo constante a esas personas. La organización formulará estrategias específicas para invertir en el desarrollo de los dirigentes existentes y futuros, en particular las mujeres, y para garantizar mecanismos de gobierno eficaces. El objetivo será identificar a dirigentes e inculcarles las aptitudes, los valores y las capacidades que deben tener tanto para guiar a sus organizaciones a través de un cambio constante como para incorporar la cultura y los valores de la labor humanitaria basada en principios.

Las Sociedades Nacionales deben asumir un papel más importante en el establecimiento de sus propias prioridades y participar de manera más enérgica en las decisiones que se adopten sobre las operaciones en su territorio. Dentro de su propio país, cada una funcionará como la “organización rectora”, fijará estrategias y planes claros y determinará los ámbitos que desea impulsar y el tipo de apoyo que necesita; además, tendrá la debida participación en la adopción de decisiones relativas a la asignación de recursos e inversiones. De esta manera, las decisiones y acciones estarán dirigidas por las Sociedades Nacionales en sus respectivos contextos, y por las personas y comunidades que constituyen el eje central de su labor.

Durante el período que abarca la estrategia, se apoyará a las Sociedades Nacionales para que colaboren dentro de una vasta red mundial orientada al fortalecimiento y al perfeccionamiento de sus enfoques, su pertinencia y su sostenibilidad, sin menoscabar sus capacidades y autonomía. Las Sociedades Nacionales  que presten  apoyo elaborarán sus planes de conformidad con estos principios, y brindarán asistencia a las Sociedades Nacionales que asuman la función rectora en sus países, con arreglo a las metas y los objetivos de estas últimas.

La red ampliada de organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja adoptará modalidades de colaboración conjunta conforme a mecanismos de coordinación y de asociación más numerosos, destinados a reducir la burocracia, racionalizar los informes y la administración, y atenuar la presión sobre las Sociedades Nacionales. La Federación Internacional continuará mejorando su función rectora en la coordinación de la asistencia internacional de toda la red, facilitando, convocando y favoreciendo una cooperación más eficiente, eficaz e innovadora y compatible con los objetivos de la Sociedad Nacional principal.

El desarrollo de las Sociedades Nacionales será objeto de esfuerzos de configuración y sentido de compromiso a largo plazo, con la acción coordinada de todas las partes del Movimiento, para impulsar un cambio auténtico que favorezca la prosperidad de las Sociedades Nacionales.

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EL MODELO ORGANIZACIONAL Y CULTURAL DEL FUTURO

Los participantes en la consulta han expresado su preocupación de que la organización puede ser demasiado burocrática, lenta en sus cambios y no tan eficiente como podría ser.

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La Estrategia 2030 reconoce la importancia esencial de la inversión en la independencia institucional, el carácter sostenible, la eficacia y la capacidad de adopción de decisiones de las Sociedades Nacionales. Sin embargo, muchas prácticas y enfoques existentes podrían socavar la capacidad de las Sociedades Nacionales para llevar a cabo a largo plazo la labor tan necesaria dentro de sus comunidades.

Las Sociedades Nacionales se esforzarán por transformarse para prever con más anticipación los cambios rápidos y significativos que se producen en el mundo y adaptarse a ellos, mediante un enfoque prospectivo y ágil. Ello les permitirá avanzar más rápidamente y aprovechar las oportunidades que impulsen el desarrollo y el progreso en la acción humanitaria.

Para lograrlo, es necesario desmantelar las burocracias rígidas, las jerarquías evidentes, la programación, el control y la competencia verticales. En este empeño, será necesario contar con nuevas aptitudes, mentalidades y enfoques, invertir esfuerzos y garantizar que los dirigentes, el personal y los voluntarios demuestren gran eficacia en las tareas de facilitación, movilización, comunicación y formación, y actúen con sinceridad y responsabilidad, sean creativos y curiosos y puedan emprender oportunidades de cambio.

Las Sociedades Nacionales valoran la función de la cultura institucional en la promoción de esos cambios, al demostrar que sus órganos de dirección son visionarios, son fuente de inspiración y fomentan sociedades seguras e inclusivas, así como espacios para la experimentación y la innovación.  Se requerirá mayor tolerancia ante el riesgo y capacidad para aprender y adaptarse con el transcurso del tiempo. Las Sociedades Nacionales reconocen, asimismo, el valor de la confianza, las asociaciones y la independencia financiera, así como las contribuciones esenciales que aportan las comunidades y los voluntarios para generar ideas e impulsar el cambio. Estos ámbitos ocupan un lugar destacado en la Estrategia 2030, que les dedica especial atención como factores de transformación.

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Las Sociedades Nacionales deben asumir un papel más importante en el establecimiento de sus propias prioridades y participar de manera más enérgica en las decisiones que se adopten sobre las operaciones en su territorio. Dentro de su propio país, cada una funcionará como la “organización rectora”, fijará estrategias y planes claros y determinará los ámbitos que desea impulsar y el tipo de apoyo que necesita; además, tendrá la debida participación en la adopción de decisiones relativas a la asignación de recursos e inversiones. De esta manera, las decisiones y acciones estarán dirigidas por las Sociedades Nacionales en sus respectivos contextos, y por las personas y comunidades que constituyen el eje central de su labor.

Durante el período que abarca la estrategia, se apoyará a las Sociedades Nacionales para que colaboren dentro de una vasta red mundial orientada al fortalecimiento y al perfeccionamiento de sus enfoques, su pertinencia y su sostenibilidad, sin menoscabar sus capacidades y autonomía. Las Sociedades Nacionales  que presten  apoyo elaborarán sus planes de conformidad con estos principios, y brindarán asistencia a las Sociedades Nacionales que asuman la función rectora en sus países, con arreglo a las metas y los objetivos de estas últimas.

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