Desafío mundial 2:

crisis y desastres

Cinco desafíos globales –¿A qué debemos darle prioridad  esta década?

Los cinco desafíos globales que han surgido en las consultas de la Estrategia 2030 representan el balance entre riesgos persistentes y emergentes que son de alta relevancia para nuestra misión y alcance de influencia. Estos están fuertemente entrelazados y fueron influenciados en su mayoría por el análisis de tendencias futuras realizado el año pasado.

En el siguiente decenio, se prevé la intensificación tanto de la frecuencia como de la gravedad de los desastres a medida que aumente la temperatura del planeta y suscite fenómenos meteorológicos más frecuentes y agudos. Aunque desde 2010 se observa una disminución de los conflictos de gran escala entre Estados, se registra un aumento de otras formas de conflicto y violencia. El complejo entramado de factores políticos subyacentes a esas situaciones supone, a su vez, que las crisis humanitarias que desencadenan pueden perdurar por largo tiempo.

Con creciente frecuencia se observa que los desastres y las crisis se concentran en contextos complejos. Se estima que hasta 2030, casi la mitad de las personas pobres del mundo vivirán en países afectados por situaciones de fragilidad, conflicto y violencia – principalmente en África y Oriente Medio.  La vertiginosa urbanización en África, América y Asia trae aparejado un corolario de riesgos de desastres y violencia en las ciudades. Se teme que, en el curso del próximo decenio, una de cada tres habitantes de zonas urbanas viva en algún momento en asentamientos informales y sufra de acusadas privaciones. Además de los tradicionales factores desencadenantes de desastres y crisis, la creciente dependencia en la tecnología entraña nuevos riesgo y vulnerabilidades, tales como un repentino colapso tecnológico, además de inesperados – e imprevistos- riesgos cibernéticos y digitales.

En el próximo decenio hemos de concentrar nuestra atención en la mitigación de las vulnerabilidades y desventajas derivadas de todo tipo de crisis y desastres que afectan a todas las personas, en particular las más vulnerables. De manera que les sea posible prosperar.

Integraremos los programas encaminaos a la reducción del riesgo de desastres y la intervención en todos los ámbitos de actividad, incluidos el cambio climático, la migración, la seguridad alimentaria, los medios de vida, los entornos urbanos, la salud, y la vulnerabilidad digital para velar por una labor integrada, en particular en contextos frágiles y de in crisis. Mantendremos en el centro de nuestro enfoque a las personas más marginadas, con inclusión de las mujeres, y velaremos por la protección y el acompañamiento de los grupos vulnerables a los que prestamos servicios.

La red mundial mejorará su capacidad para anticipar riesgos y mantenerse en constante estado de vigilancia para velar por que sus intervenciones sean más rápidas, eficaces y eficientes,  y apoyará la función rectora de las personas y las comunidades en los esfuerzos de preparación e intervención. Se promoverá de manera constante enfoques, tales como los de programas de transferencias monetarias, que favorezcan opciones constructivas por parte de las personas afectadas por crisis.

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By Aynur Kadihasanoglu
Senior Advisor for Urban Resilience , Global Disaster Preparedness Center (GDPC)

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En el siguiente decenio, se prevé la intensificación tanto de la frecuencia como de la gravedad de los desastres a medida que aumente la temperatura del planeta y suscite fenómenos meteorológicos más frecuentes y agudos. Aunque desde 2010 se observa una disminución de los conflictos de gran escala entre Estados, se registra un aumento de otras formas de conflicto y violencia. El complejo entramado de factores políticos subyacentes a esas situaciones supone, a su vez, que las crisis humanitarias que desencadenan pueden perdurar por largo tiempo.

Con creciente frecuencia se observa que los desastres y las crisis se concentran en contextos complejos. Se estima que hasta 2030, casi la mitad de las personas pobres del mundo vivirán en países afectados por situaciones de fragilidad, conflicto y violencia – principalmente en África y Oriente Medio.  La vertiginosa urbanización en África, América y Asia trae aparejado un corolario de riesgos de desastres y violencia en las ciudades. Se teme que, en el curso del próximo decenio, una de cada tres habitantes de zonas urbanas viva en algún momento en asentamientos informales y sufra de acusadas privaciones. Además de los tradicionales factores desencadenantes de desastres y crisis, la creciente dependencia en la tecnología entraña nuevos riesgo y vulnerabilidades, tales como un repentino colapso tecnológico, además de inesperados – e imprevistos- riesgos cibernéticos y digitales.

En el próximo decenio hemos de concentrar nuestra atención en la mitigación de las vulnerabilidades y desventajas derivadas de todo tipo de crisis y desastres que afectan a todas las personas, en particular las más vulnerables. De manera que les sea posible prosperar.

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La red mundial mejorará su capacidad para anticipar riesgos y mantenerse en constante estado de vigilancia para velar por que sus intervenciones sean más rápidas, eficaces y eficientes,  y apoyará la función rectora de las personas y las comunidades en los esfuerzos de preparación e intervención. Se promoverá de manera constante enfoques, tales como los de programas de transferencias monetarias, que favorezcan opciones constructivas por parte de las personas afectadas por crisis.

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