Estrategia 2030: una plataforma para el cambio

Las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja perseveran con constante empeño en la edificación de un mundo más humano y pacífico, en el cual se conceda prioridad al bienestar y a las aspiraciones de las personas más vulnerables y marginadas. Lo hace a través de una extraordinaria red de agentes humanitarios que proceden de las comunidades y las acompañan cuando estas o sus miembros atraviesan por dificultades, sin olvidar que también les asisten derechos y cuentan con destrezas y habilidades. La Estrategia 2030 constituye la materialización de esta perspectiva de larga data que, además, desarrolla con el fin de velar por que las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja conserven en el presente y en el futuro la pertinencia que tuvieron en el pasado.

La Estrategia 2030 trata del cambio y de cambiar no apenas lo que hacemos, sino nuestra manera de hacerlo, de modo que estemos en aún mejores condiciones de acompañar a las personas y favorecer el fortalecimiento de su resiliencia. Trata tanto de los cambios que transforman el mundo como de aquellos que depara el futuro. Observa los cambios como fuente tanto de peligros como de oportunidades para la humanidad y como raíz de profundas transformaciones de la naturaleza de la vulnerabilidad y quienes la padecen, los motivos que la suscitan, los lugares donde ocurre y la duración de contextos de vulnerabilidad. Se reconoce la necesidad de nuevos enfoques ante los persistentes cambios que imponen pesadas cargas en las poblaciones del mundo a las que se suman nuevos retos de reciente data. Se trata, asimismo de una estrategia de confianza y esperanza en el poder de la humanidad para sacar a aflorar la bondad e impulsar el cambio constructivo.   

La Estrategia 2030 trata de los cambios necesarios en el seno de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación Internacional) de manera que esta pueda continuar aportando una contribución positiva. Propone cambios incrementales sustentadas en el mandato y las significativas fortalezas de las Sociedades Nacionales, así como transformaciones que nos interpelan a trascender el status quo en nuestra reflexión. La Estrategia 2030 aporta una guía para que las Sociedades Nacionales y la secretaría edifiquen sobre la labor realizada en el pasado y logren una mayor conexión, agilidad y dinamismo de manera que estén en mejores condiciones de asumir los retos que plantea el nuevo decenio y en años subsiguientes con el fin de velar por que las personas vulnerables no queden rezagadas y que las bondades de un mundo próspero y sustentable redunden en beneficio de todos.

El siglo XXI plantea desafíos complejos y vinculados entre sí. Las repercusiones del cambio climático afectan ya de manera concreta a millones de las personas más vulnerables del mundo. Exacerba casi todos los ámbitos de vulnerabilidad y es uno de los muchos factores que agravan la gravedad y contribuyen al aumento de la frecuencia de los desastres y otros tipos de crisis. Surgen nuevas e inesperadas amenazas sanitarias que se suman a los persistentes problemas de salud que afectan de manera desproporcionada a las poblaciones pobres del mundo. Estos, con otros factores coadyuvantes, intensifican los fenómenos de migración y desplazamiento, en un momento en el que mengua la solidaridad para con las poblaciones en desplazamiento.

Bajo esos desafíos mundiales corre una corriente subterránea de cambios locales que afectan la vida cotidiana. Si bien la tecnología ha favorecido un grado de conexión sin igual, en muchos países las sociedades ya sea se han tornado – o corren el riesgo de tornarse – más divididas y menos inclusivas. Se observa un aumento de la intolerancia, las expresiones y delitos de odio. Existe una mayor expectativa de responsabilidad y transparencia por parte de los dirigentes. Muchas personas exigen ser incluidas y esperan que se reconozca su presencia y su voz. Desean contar con oportunidades y con acceso equitativo a los recursos. Sin embargo, en muchos lugares del mundo se agudiza la desigualdad y la concentración del dinero y del poder en manos de pocos. Ello ha redundado en una aparente pérdida de confianza en las instituciones y en el recurso a la acción ciudadana directa a través de movimientos sociales.

La Federación Internacional se encuentra en un momento de la historia en la el cual su labor es más importante que en ninguna otra época. Le incumbe la responsabilidad de utilizar de manera eficiente sus recursos y su radio de acción. Para lograrlo, necesita prestar oídos atentos, reflexionar y estar dispuesta tanto a actuar de manera diferente como a adaptarse con el transcurso del tiempo. La función rectora y la adopción de decisiones debe delegarse en el nivel local más cercano – en las comunidades, los voluntarios, las Sociedades Nacionales que intervienen ante emergencias y prestan asistencia ante las necesidades cotidianas, para así velar por que estas últimas estén realmente en condiciones de atender en todo momento a las necesidades de las comunidades de sus respectivos países. Las comunidades y las poblaciones locales suelen ser quienes mejor conocen las decisiones y acciones que cabe adoptar sobre los problemas que les afectan; así, la participación significativa de las comunidades en estructuras locales, nacionales e internacionales redundará en el fortalecimiento de la organización.

Un mayor arraigo local no supone un mayor aislamiento. En el próximo decenio se debe fomentar y transformar la colaboración en calidad de red. Es necesaria una reflexión que trascienda los confines del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Movimiento) en busca de asociaciones con otros agentes. En ciertos casos ello requerirá demostrar liderazgo mientras que, en otros, supondrá la disponibilidad para sumar nuestros esfuerzos a los de otros y la voluntad de colaboración con un abanico más amplio de asociados para hacer frente a problemas complejos.

Esas nuevas asociaciones – internas y con el resto del mundo – deberá reposar sobre la base de la confianza mutua. La confianza es un elemento fundamental en nuestra labor, nos permite acercarnos a comunidades aisladas y marginalizadas a las que la mayoría de las organizaciones no tiene acceso, Con el fin de preservar y fomentar esa confianza, debemos demostrar transparencia y responsabilidad en toda acción ante las comunidades, los asociados, los donantes, el público e internamente. Nos incumbe observar de manera constante las más elevadas normas de integridad, rendición de cuentas, apertura y sincera reacción con respecto a los procesos, resultados, decisiones, e incluso los errores, de la organización y sus miembros. Los dirigentes de estas deben encarnar los principios que son fuente de inspiración institucional y promover mentalidades culturales respetuosas y solidarias que se enriquezcan y se enorgullezcan de la diversidad y que favorezcan la inclusión de las mujeres y demás personas en condiciones de equidad.

Se perfeccionarán las estrategias para la inversión en el fomento de aptitudes de dirección en los planos local, nacional, regional y mundial. La atención estará centrada en velar por la existencia de órganos de gobierno y de dirección altamente eficaces, guiados por principios y capaces de encabezar iniciativas y organizaciones contemporáneas de manera congruente con nuestros valores y principios humanitarios.

Replantearemos la labor con los voluntarios y por conducto de estos. Somos una organización eminentemente sustentada en el servicio voluntario que representa tanto el modelo como la esencia ética de la institución. El enfoque continuará centrado en la atención y el fomento de un dedicado cuerpo de voluntarios que emane de las comunidades y goce con difundida presencia en los países y las regiones. No obstante, las modalidades de servicio voluntario tanto en la actualidad como en el futuro son muy distintas de aquellas observadas incluso hace diez años. La eficacia de la organización requiere el estudio y la concepción de nuevas modalidades de servicios voluntario y la dotación de recursos, herramientas, destrezas, pericias, asociaciones nuevas, plataformas y foros en los cuales las personas, en particular los jóvenes, puedan configurar y poner en práctica el cambio que desean ver en el mundo.

En decenio que se avecina, deberemos fortalecer las asociaciones con los gobiernos y los responsables de la adopción de decisiones, entre otros, a través de nuevos cauces que permitan aprovechar el privilegio, los deberes y responsabilidades conexos a nuestra función en calidad de auxiliares de los poderes públicos. Nuestra habilidad para ejercer influencia sobre los gobiernos y otros asociados requerirá también, en determinadas circunstancias, posiciones firmes sobre temas controvertidos que afecten a la humanidad.

Cabe reconocer que para ello será necesario hacer gala de perspicacia, perspectiva de futuro y destinar inversión a “laboratorios” experimentales y de innovación de los que puedan surgir ideas creativas de éxito que puedan ser incorporadas en la corriente principal de la labor. Somos conscientes de que, en un mundo tan dinámico, será esencial contar con la capacidad para aprovechar las oportunidades. También existe la firme determinación de una constante transformación digital destinada a favorecer la adquisición y la difusión de conocimientos e información, y la acción acorde con el siglo XXI, así como el aprovechamiento de los adelantos tecnológicos, sin olvidar los nuevos riesgos que traen aparejados. Por último, nuestra capacidad para salir airosos ante los desafíos mundiales del siguiente decenio dependerá de la habilidad para movilizar nuevos recursos de un grupo más diversos de asociados. Ello, requerirá, una vez más, cambios en las modalidades de trabajo.

Estrategia 2030: una plataforma para el cambio

Las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja perseveran con constante empeño en la edificación de un mundo más humano y pacífico, en el cual se conceda prioridad al bienestar y a las aspiraciones de las personas más vulnerables y marginadas. Lo hace a través de una extraordinaria red de agentes humanitarios que proceden de las comunidades y las acompañan cuando estas o sus miembros atraviesan por dificultades, sin olvidar que también les asisten derechos y cuentan con destrezas y habilidades. La Estrategia 2030 constituye la materialización de esta perspectiva de larga data que, además, desarrolla con el fin de velar por que las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja conserven en el presente y en el futuro la pertinencia que tuvieron en el pasado.

La Estrategia 2030 trata del cambio y de cambiar no apenas lo que hacemos, sino nuestra manera de hacerlo, de modo que estemos en aún mejores condiciones de acompañar a las personas y favorecer el fortalecimiento de su resiliencia. Trata tanto de los cambios que transforman el mundo como de aquellos que depara el futuro. Observa los cambios como fuente tanto de peligros como de oportunidades para la humanidad y como raíz de profundas transformaciones de la naturaleza de la vulnerabilidad y quienes la padecen, los motivos que la suscitan, los lugares donde ocurre y la duración de contextos de vulnerabilidad. Se reconoce la necesidad de nuevos enfoques ante los persistentes cambios que imponen pesadas cargas en las poblaciones del mundo a las que se suman nuevos retos de reciente data. Se trata, asimismo de una estrategia de confianza y esperanza en el poder de la humanidad para sacar a aflorar la bondad e impulsar el cambio constructivo.   

La Estrategia 2030 trata de los cambios necesarios en el seno de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación Internacional) de manera que esta pueda continuar aportando una contribución positiva. Propone cambios incrementales sustentadas en el mandato y las significativas fortalezas de las Sociedades Nacionales, así como transformaciones que nos interpelan a trascender el status quo en nuestra reflexión. La Estrategia 2030 aporta una guía para que las Sociedades Nacionales y la secretaría edifiquen sobre la labor realizada en el pasado y logren una mayor conexión, agilidad y dinamismo de manera que estén en mejores condiciones de asumir los retos que plantea el nuevo decenio y en años subsiguientes con el fin de velar por que las personas vulnerables no queden rezagadas y que las bondades de un mundo próspero y sustentable redunden en beneficio de todos.

El siglo XXI plantea desafíos complejos y vinculados entre sí. Las repercusiones del cambio climático afectan ya de manera concreta a millones de las personas más vulnerables del mundo. Exacerba casi todos los ámbitos de vulnerabilidad y es uno de los muchos factores que agravan la gravedad y contribuyen al aumento de la frecuencia de los desastres y otros tipos de crisis. Surgen nuevas e inesperadas amenazas sanitarias que se suman a los persistentes problemas de salud que afectan de manera desproporcionada a las poblaciones pobres del mundo. Estos, con otros factores coadyuvantes, intensifican los fenómenos de migración y desplazamiento, en un momento en el que mengua la solidaridad para con las poblaciones en desplazamiento.

Bajo esos desafíos mundiales corre una corriente subterránea de cambios locales que afectan la vida cotidiana. Si bien la tecnología ha favorecido un grado de conexión sin igual, en muchos países las sociedades ya sea se han tornado – o corren el riesgo de tornarse – más divididas y menos inclusivas. Se observa un aumento de la intolerancia, las expresiones y delitos de odio. Existe una mayor expectativa de responsabilidad y transparencia por parte de los dirigentes. Muchas personas exigen ser incluidas y esperan que se reconozca su presencia y su voz. Desean contar con oportunidades y con acceso equitativo a los recursos. Sin embargo, en muchos lugares del mundo se agudiza la desigualdad y la concentración del dinero y del poder en manos de pocos. Ello ha redundado en una aparente pérdida de confianza en las instituciones y en el recurso a la acción ciudadana directa a través de movimientos sociales.

La Federación Internacional se encuentra en un momento de la historia en la el cual su labor es más importante que en ninguna otra época. Le incumbe la responsabilidad de utilizar de manera eficiente sus recursos y su radio de acción. Para lograrlo, necesita prestar oídos atentos, reflexionar y estar dispuesta tanto a actuar de manera diferente como a adaptarse con el transcurso del tiempo. La función rectora y la adopción de decisiones debe delegarse en el nivel local más cercano – en las comunidades, los voluntarios, las Sociedades Nacionales que intervienen ante emergencias y prestan asistencia ante las necesidades cotidianas, para así velar por que estas últimas estén realmente en condiciones de atender en todo momento a las necesidades de las comunidades de sus respectivos países. Las comunidades y las poblaciones locales suelen ser quienes mejor conocen las decisiones y acciones que cabe adoptar sobre los problemas que les afectan; así, la participación significativa de las comunidades en estructuras locales, nacionales e internacionales redundará en el fortalecimiento de la organización.

Un mayor arraigo local no supone un mayor aislamiento. En el próximo decenio se debe fomentar y transformar la colaboración en calidad de red. Es necesaria una reflexión que trascienda los confines del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Movimiento) en busca de asociaciones con otros agentes. En ciertos casos ello requerirá demostrar liderazgo mientras que, en otros, supondrá la disponibilidad para sumar nuestros esfuerzos a los de otros y la voluntad de colaboración con un abanico más amplio de asociados para hacer frente a problemas complejos.

Esas nuevas asociaciones – internas y con el resto del mundo – deberá reposar sobre la base de la confianza mutua. La confianza es un elemento fundamental en nuestra labor, nos permite acercarnos a comunidades aisladas y marginalizadas a las que la mayoría de las organizaciones no tiene acceso, Con el fin de preservar y fomentar esa confianza, debemos demostrar transparencia y responsabilidad en toda acción ante las comunidades, los asociados, los donantes, el público e internamente. Nos incumbe observar de manera constante las más elevadas normas de integridad, rendición de cuentas, apertura y sincera reacción con respecto a los procesos, resultados, decisiones, e incluso los errores, de la organización y sus miembros. Los dirigentes de estas deben encarnar los principios que son fuente de inspiración institucional y promover mentalidades culturales respetuosas y solidarias que se enriquezcan y se enorgullezcan de la diversidad y que favorezcan la inclusión de las mujeres y demás personas en condiciones de equidad.

Se perfeccionarán las estrategias para la inversión en el fomento de aptitudes de dirección en los planos local, nacional, regional y mundial. La atención estará centrada en velar por la existencia de órganos de gobierno y de dirección altamente eficaces, guiados por principios y capaces de encabezar iniciativas y organizaciones contemporáneas de manera congruente con nuestros valores y principios humanitarios.

Replantearemos la labor con los voluntarios y por conducto de estos. Somos una organización eminentemente sustentada en el servicio voluntario que representa tanto el modelo como la esencia ética de la institución. El enfoque continuará centrado en la atención y el fomento de un dedicado cuerpo de voluntarios que emane de las comunidades y goce con difundida presencia en los países y las regiones. No obstante, las modalidades de servicio voluntario tanto en la actualidad como en el futuro son muy distintas de aquellas observadas incluso hace diez años. La eficacia de la organización requiere el estudio y la concepción de nuevas modalidades de servicios voluntario y la dotación de recursos, herramientas, destrezas, pericias, asociaciones nuevas, plataformas y foros en los cuales las personas, en particular los jóvenes, puedan configurar y poner en práctica el cambio que desean ver en el mundo.

En decenio que se avecina, deberemos fortalecer las asociaciones con los gobiernos y los responsables de la adopción de decisiones, entre otros, a través de nuevos cauces que permitan aprovechar el privilegio, los deberes y responsabilidades conexos a nuestra función en calidad de auxiliares de los poderes públicos. Nuestra habilidad para ejercer influencia sobre los gobiernos y otros asociados requerirá también, en determinadas circunstancias, posiciones firmes sobre temas controvertidos que afecten a la humanidad.

Cabe reconocer que para ello será necesario hacer gala de perspicacia, perspectiva de futuro y destinar inversión a “laboratorios” experimentales y de innovación de los que puedan surgir ideas creativas de éxito que puedan ser incorporadas en la corriente principal de la labor. Somos conscientes de que, en un mundo tan dinámico, será esencial contar con la capacidad para aprovechar las oportunidades. También existe la firme determinación de una constante transformación digital destinada a favorecer la adquisición y la difusión de conocimientos e información, y la acción acorde con el siglo XXI, así como el aprovechamiento de los adelantos tecnológicos, sin olvidar los nuevos riesgos que traen aparejados. Por último, nuestra capacidad para salir airosos ante los desafíos mundiales del siguiente decenio dependerá de la habilidad para movilizar nuevos recursos de un grupo más diversos de asociados. Ello, requerirá, una vez más, cambios en las modalidades de trabajo.

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